La novia le lame el culo a su novio y luego lo empala duro
Ella llevaba semanas imaginando cómo sería dominar a ese grandulón que siempre se creía el más macho de la casa. Hoy, por fin, lo tenía donde quería: de rodillas en el suelo del dormitorio, con la lengua bien pegada a su rosquete mientras él gruñía como un animal enjaulado. El muy cerdo intentaba disimular que le encantaba que le lamieran el culo, pero cada vez que su novia le pasaba la lengua de arriba abajo, sus caderas se movían solas, buscando más. Cuando ya lo tenía bien húmedo y relajado, se levantó con esa cintura de diosa que se marca bajo el short ajustado, se quitó el tanga de un tirón y se agachó para empujarle la polla contra la boca. Él abrió los labios como si le hubieran dado cuerda, chupando con desesperación mientras ella le agarraba del pelo y le obligaba a tragar cada centímetro de su verga enorme. No pasó ni un minuto antes de que el novio ya estuviera con los ojos en blanco, gimiendo como una puta en celo. Entonces fue su turno: lo empujó contra la cama, le abrió las nalgas con las manos y le escupió en el culo para que entrara más fácil. Él intentó resistirse al principio, pero cuando ella le soltó un azote fuerte que le hizo temblar las piernas, no tuvo más remedio que dejarse hacer. La cinturona de piel le azotaba la carne cada vez que ella se lanzaba contra su cuerpo, empalándolo sin piedad mientras le susurraba al oído lo puta que era y cómo le encantaba verlo así, sumiso y jadeante. Él intentaba aguantar, pero el coño mojadísimo de su novia le rozaba las piernas cada vez que ella se inclinaba hacia adelante para empotrarlo más profundo. Los gemidos se mezclaban con los ruidos húmedos de la carne chasqueando, el olor a sexo inundaba la habitación y el sudor le resbalaba por la espalda a los dos. Cuando ella sintió que él ya no podía más, aceleró el ritmo, clavándole la polla hasta el fondo con cada embestida mientras le gritaba que se corriera como el perrito sumiso que era. Él no pudo resistirse más: un espasmo lo sacudió de pies a cabeza y eyaculó con fuerza, llenándole el culo de leche caliente mientras ella seguía empalándolo sin piedad, ordeñando cada gota de su corrida hasta que él quedó tirado en la cama, completamente agotado y con las piernas temblorosas. Ella, satisfecha pero no del todo, se limpió el coño con la sábana antes de tirarse a su lado y reírse mientras él intentaba recuperar el aliento.