La madura gordita me chupó la polla hasta dejarme temblando
Lorena no era una cualquiera, pero cuando me vio en la piscina con mi bañador ajustado, algo se le despertó. Al principio solo eran miradas furtivas, pero luego me invitó a tomar algo en su casa. En cuanto cerramos la puerta, me empujó contra la pared y me bajó el pantalón con una sonrisa de puta hambrienta. Mi verga saltó dura como una roca, y ella la agarró con ambas manos, gimiendo al sentir el grosor. 'No sabía que tenías esto escondido', susurró antes de meterse mi polla hasta la garganta de una sola vez. El calor de su boca me volvió loco, y sus tetas rebotaban contra mi vientre mientras me la mamaba sin parar. Cuando sentí que me iba a correr, Lorena se apartó y me miró con los labios brillantes de saliva. '¿Quieres que me trague todo?', preguntó, y antes de que respondiera, volvió a chuparme con más fuerza. El orgasmo me partió en dos, y ella tragó cada gota sin perderse ni una. Ahora solo pienso en cómo fue que una mujer como ella descubrió mi secreto y lo disfrutó tanto.