La madrastra caliente se arriesga follando al hijastro en el hotel
El balcón del hotel daba a la playa, pero el ruido de las olas no tapaba los gemidos ahogados de la madrastra. Yo estaba duro como una piedra desde que la vi en bikini, y cuando me invitó a su habitación, supe que no iba a salir de ahí sin meterle mi polla hasta las pelotas. El marido estaba abajo en el bar, pero cualquier ruido fuerte podía alertarlo. La madrastra se arrodilló y me chupó la verga con esa boca experta, sus tetas grandes rebotando mientras me tragaba entero. Después me empujó contra la pared y se sentó en mi polla, cabalgándome con ese culo gordo que rebotaba contra mis huevos. Cada vez que se acercaba la puerta, ella ahogaba sus gritos mordiendo mi hombro, pero no paraba de moverse. La tiré en la cama y la embestí por atrás, escuchando cómo el cabecero golpeaba la pared. Cuando sentí que se venía, le agarré el pelo y le metí hasta que sus muslos temblaron. Al final, mi leche le corrió por los muslos, y ella se limpió con su tanga roto que quedó tirado en el suelo.