La madrastra cachonda descubre el monstruo de Juan El Caballo Loco
El sonido de la puerta al cerrarse te pone en alerta, pero no es tu padre quien entra al cuarto, sino ella: la madrastra con esa mirada de puta que te hace tragar saliva. Reagan Foxx se acerca con ese culo prieto en tanga, rozando tu pierna mientras te susurra que necesita ayuda con algo urgente. Al agacharse para recoger un libro, el escote se le abre y ves esos pechos enormes rebotando, las tetas tan cerca que sientes su calor. Cuando te la chupa de golpe, la polla desaparece entera en su boca, y al mirarte con esos ojos de viciosa, descubres que ella también está mojada, el coño goteando sin control. La levantas de golpe y la empotras contra la pared, sintiendo cómo sus uñas se clavan en tu espalda mientras te la follas a lo perro, el culo maduro rebotando contra tu vientre. El chocho se aprieta alrededor de tu verga, y al girarla para verla de frente, te das cuenta de que nunca había gemido tan fuerte, la boca abierta en un grito ahogado. La tiras en la cama y le abres las piernas de una patada, metiéndote hasta las pelotas en ese coño caliente que ya no aguanta más. Reagan Foxx te mira con los ojos vidriosos, las tetas saltando con cada embestida, hasta que te corres en su cara, el semen cayendo en goterones sobre sus labios entreabiertos. Al separarte, ves el tanga roto en el suelo y la marca de tus dedos en sus muslos.