La esposa curvilínea seduce al mecánico mayor para cobrarse una venganza
El viejo ya me tenía harto con sus miradas de perro en celo cada vez que mi esposa se agachaba a revisar el motor, así que cuando ella me pidió que lo llamara para arreglar el auto, supe que era mi oportunidad. La vi acercarse con ese short ajustado que le marca el culo redondo, y el mecánico ni siquiera intentó disimular cómo se le ponía dura la polla al verla. Mi esposa se mordió el labio cuando él le pasó la mano por la cadera, y yo me quedé mirando desde la ventana mientras ella se inclinaba sobre el capó, dejando que el viejo le metiera los dedos entre las nalgas. Escuché cómo gemía cuando él le abrió las piernas y le enterró la lengua en el coño mojado, chupando como si llevara años sin probar algo tan rico. Me acerqué en silencio y vi cómo el viejo le arrancó el short de un tirón, dejando al descubierto su concha rosada y brillante de tanto jugo. Le bajé los pantalones al mecánico y le agarré la polla flácida, pero mi esposa se rio y me dijo que no, que ella quería sentirla dura dentro de ella. Se sentó sobre él a horcajadas y se la metió hasta las pelotas, gimiendo fuerte mientras rebotaba sobre su verga. Yo me puse detrás y le empecé a chupar los pechos grandes, mordiéndole los pezones mientras ella se movía cada vez más rápido. El viejo no aguantó y se corrió dentro de ella, llenándole el coño de leche espesa, pero mi esposa no se detuvo y siguió cabalgando hasta que yo también me vine sobre su espalda. Cuando terminamos, el short de ella quedó tirado en el suelo, manchado con el semen del viejo.