La chef me sirve el postre en su cocina caliente
Desde que entró a la cocina con ese delantal ajustado que apenas cubría sus curvas, supe que esta noche no me iría con hambre... pero el menú era mucho más picante de lo que esperaba. Con una sonrisa traviesa y los labios brillantes por el gloss, me agarró de la corbata y me empujó contra la encimera de mármol frío, donde ya había dejado caer un plato de fresas bañadas en chocolate. Sin perder tiempo, me bajó el cierre del pantalón y sacó mi polla dura como un hierro, mientras con la otra mano se levantaba la falda ajustada para mostrar unos muslos gruesos y blancos como la leche. Antes de que pudiera reaccionar, se agachó y se la llevó a la boca con un gemido de pura lujuria, chupando la cabeza con esa lengua caliente que me hacía estremecer. El sonido húmedo de su boca alrededor de mi verga llenó el aire mientras sus tetas enormes se balanceaban con cada movimiento de su cabeza, apretando contra mi muslo. Cuando por fin soltó mi polla con un chasquido de labios, me miró con esos ojos verdes encendidos y me susurró al oído que quería que le empotrara ese coño goteante que ya le chorreaba por las piernas. La levanté sin esfuerzo y la senté sobre el mármol, donde sus nalgas redondas se moldearon perfectamente en mis manos mientras le abría las piernas para lamerle ese coño empapado que olía a sexo y azúcar. Cada lametón que le daba hacía que sus muslos temblaran y sus gemidos se volvieran más agudos, hasta que ya no pudo aguantar y me agarró de los hombros para hundirme la polla hasta el fondo. Empecé a empalarla con fuerza, sintiendo cómo su culo se sacudía con cada embestida mientras su coño se cerraba como un torno alrededor de mi verga. En cuestión de segundos, ambos estábamos sudando, jadeando y gimiendo como animales en celo, hasta que ella se corrió con un grito ronco que hizo vibrar los cristales de la cocina, apretando mi polla con tanta fuerza que casi me vuelvo loco. No aguanté más y le solté todo el leche caliente dentro, llenándole el vientre mientras mis bolas se vaciaban sobre sus tetas pesadas que se movían al ritmo de mis embestidas. Cuando por fin me dejé caer sobre su cuerpo tembloroso, aún podía sentir cómo su coño seguía goteando mi corrida mientras me susurraba que esto no se quedaba así... que la próxima vez quería que me la follara por el culo hasta dejarla llena de leche por todos lados.