Madison Steel se empotra duro en la afterparty
La rubia del cosplay ajustó su máscara de conejo mientras Brian le pasaba la mano por el culo apretado, sus dedos resbalando en los jugos que ya le chorreaban entre las piernas. Ella abrió más las rodillas sobre el sofá destrozado, dejando que él le lamiera el coño empapado con lengüetazos lentos y profundos, saboreando cada pliegue húmedo mientras ella gemía y se agarraba a sus cabellos rubios. Brian no pudo resistirse y le clavó la polla dura como una barra de hierro entre las nalgas, empotrandola contra el respaldo del mueble hasta hacerla gritar con cada embestida brutal que le sacudía el cuerpo entero. Madison se dejó caer hacia adelante, apoyando las manos en el suelo para aguantar el ritmo salvaje, su coño chorreando leche caliente que resbalaba por sus muslos mientras él le azotaba el culo con cada empujón. Brian le agarró la melena rubia y le estiró la cabeza hacia atrás, obligándola a abrir bien la boca para que le tragara toda la polla sin dejar ni un centímetro fuera, ahogándose con cada empujón hasta que le llenó la garganta de babas espesas mientras ella tragaba con desesperación. La escena se volvió aún más caliente cuando él le dio la vuelta de un tirón, dejándola boca arriba sobre la mesa de centro llena de vasos rotos, sus tetas enormes rebotando con cada embestida mientras él le clavaba la verga hasta el fondo una y otra vez. Madison no pudo aguantar más y se corrió con un aullido animal, su coño contrayéndose alrededor de la polla como un tornillo mientras él le disparaba chorros gruesos de leche hirviendo directamente en el útero, llenándola hasta que la leche le resbalaba por las piernas y le goteaba en los tobillos. Brian no contento con eso, le agarró la cara y le escupió un filete de leche espesa sobre los labios entreabiertos, ordenándole que se lo limpiara con la lengua antes de volver a empotrarla contra el suelo con más fuerza que nunca, sus cuerpos chocando con un ruido húmedo y pegajoso que resonaba en toda la habitación. La rubia, con los ojos vidriosos y la boca llena de babas, no podía creer lo que estaba pasando, pero su coño seguía mojado y ansioso por más, así que se dejó llevar por el placer obsceno mientras Brian le follaba el culo con movimientos cortos y brutales, dejándola sin aliento y con las nalgas brillantes de sudor y leche. Al final, exhaustos y cubiertos de fluidos, se desplomaron sobre el suelo lleno de ropa interior rota y copas volcadas, pero aún así él no pudo evitar darle un último empujón profundo antes de correrse otra vez, esta vez directamente en su boca abierta para que no se desperdiciara ni una gota de su leche caliente.