Esposa caliente ofrece su coño para que la follen
Él llevaba meses viendo cómo su mujer se movía por la casa con esos vestidos ajustados que le marcaban el culo y le dejaban los pezones duros como piedras. Una noche, después de tres copas de más, ella le soltó con voz de puta mojada que quería que otro le metiera la polla hasta el fondo mientras él la miraba con los huevos a punto de reventar. Se quitó el tanga de un tirón y se apoyó en la mesa de la cocina, separando las piernas para que le viera el coño chorreando jugos de tanto deseo. Él no pudo resistirse y se arrodilló para lamerle el clítoris hinchado mientras ella gemía con los puños apretando el mantel. De pronto, sonó el timbre y no era nadie más que el vecino, borracho y con la verga palpitando bajo el pantalón, que había oído los gemidos desde el pasillo. Sin mediar palabra, el muy cerdo se bajó la cremallera y sacó su polla gruesa y venosa, rozándole la punta contra el coño empapado de la esposa. Ella no dudó ni un segundo, se agachó aún más y se la metió hasta la garganta, ahogándose con los gruesos centímetros que le llenaban la boca mientras el vecino le agarraba la nuca para empotrarla sin piedad. El marido, con los ojos fuera de las órbitas y la mano en los pantalones frotándose la verga palpitante, no pudo aguantar más y le ordenó al otro que la follara sin condón, que quería ver cómo le llenaba el coño de leche bien caliente. El vecino no necesitó que se lo dijeran dos veces, la sujetó por las caderas con fuerza de animal y se la clavó hasta el fondo, haciendo que a ella se le escapara un grito ronco mientras el coño se le contraía como un torno alrededor de la polla. Los empujones eran brutales, el sonido de carne contra carne resonaba en toda la casa, y la esposa no paraba de babear y gemir como una perra en celo, con los muslos temblando de placer. Cuando sintió que el vecino se tensaba y soltaba un gruñido gutural, supo que era el momento: se dejó caer sobre la mesa, arqueando la espalda para que la leche caliente le inundara las paredes del coño, resbalando por las piernas y manchando el mantel mientras los dos hombres la miraban con las pollas aún duras, listas para otra ronda.