MILF llena la concha a pollón palpitante
La vieja zorrona no puede resistirse cuando le clavan esa verga gruesa que le palpita como un animal vivo entre las piernas. Desde que sintió la primera embestida por detrás, el coño se le puso como una sopa y no ha parado de gemir con la boca bien abierta, suplicando más. El cabrón de su hijastro no tiene piedad y le clava la polla hasta el fondo cada vez que se agacha para recoger algo del suelo, dejando el culo bien marcado con sus huellas de dedos. Las tetas caídas de la madura se balancean como gelatina cada vez que el chico la empotra con fuerza, y el sonido de los cuerpos chocando resuena en toda la casa mientras ella grita que no aguanta más pero no para de mover las caderas para que le dé hasta el último centímetro. La leche espesa le resbala por el coño empapado y le chorrea hasta las rodillas mientras él, jadeando como un animal, le llena el útero con cada embestida profunda, sin sacársela ni un segundo. Las tetas le temblaban como gelatina cuando le agarró el pelo y le metió la polla hasta la garganta, ahogándose con los chorros de leche que le caían en la boca mientras las piernas le temblaban por el esfuerzo. El hijastro no se conforma con un solo orgasmo y sigue embistiéndola contra la pared del baño, donde el espejo refleja su cuerpo sudoroso y la cara de puta satisfecha que pone cada vez que la leche le inunda el coño arrugado. Las tetas viejas pero firmes se le pegan al pecho cada vez que el cabrón la levanta en peso para follársela como a una perra en celo, y el olor a sexo y sudor impregna la habitación mientras ella no para de chillar que se va a correr otra vez, aunque ya lleva tres corridas seguidas. La leche le gotea por las piernas y forma un charco en el suelo mientras él, exhausto pero con la polla aún dura, le susurra al oído que la próxima vez le va a llenar la boca hasta que se ahogue con su propia corrida.