Kate Quinn me desafió a follarla como nunca antes
—¿Crees que puedes aguantar lo que te voy a dar?— me dijo Kate con esa sonrisa pícara mientras se mordía el labio. Era mi hermanastra, pero desde que la pillé masturbándose en el baño, todo cambió. Esa noche, cuando entró a mi habitación en tanga negro, supe que el juego había empezado. Le arranqué la ropa de golpe, hundiendo mis dedos en su coño ya mojado antes de que pudiera protestar. —No te corras hasta que yo lo diga— le ordené, y ella solo gimió más fuerte cuando mi polla entró de una estocada hasta hacerle tocar el cuello del útero. La empotré contra la pared, sintiendo cómo sus uñas se clavaban en mi espalda mientras la embestía sin piedad. —Puta, ¿quién manda aquí?— le pregunté, y ella solo respondió arqueando la espalda para que la penetrara más profundo. Cuando por fin le permití correrse, sus gritos llenaron la habitación, pero yo no paré hasta que su cuerpo tembló sin control. Ahora sabe que la próxima vez será peor.