Jocilena se corre como una loca en su cuarto
Era media tarde y yo, Jocilena, estaba sola en mi habitación con las cortinas cerradas, pero el corazón me latía fuerte pensando que mi novio podía llegar en cualquier momento. Me quité la ropa deprisa, sintiendo cómo mi coño ya estaba mojadísimo solo de imaginármelo. Me metí un dedo dentro, gimiendo bajito para que nadie me escuchara, mientras con la otra mano me pellizcaba los pezones duros. El riesgo de que alguien entrara me ponía más caliente, así que aceleré el ritmo, moviendo los dedos más rápido y más profundo hasta que sentí el orgasmo acercarse. Me mordí el labio para no gritar cuando el líquido caliente empezó a brotar de mi coño, empapando mis muslos y la cama. Me corrí tan fuerte que las piernas me temblaron, pero no podía parar, seguía frotándome el clítoris con desesperación, sintiendo cada espasmo de placer. Cuando por fin me detuve, jadeando y con el cuerpo cubierto de sudor, escuché un ruido en el pasillo. Me quedé helada, preguntándome si mi novio había llegado antes de tiempo, pero afuera solo había silencio. Respiré aliviada, pero mi coño seguía palpitando, pidiendo más. En más de 11 minutos de escena, no pude evitar correrme otra vez, esta vez con los dedos bien adentro, sintiendo cómo mi cuerpo se arqueaba de placer. Al final, me quedé tirada en la cama, exhausta pero con una sonrisa de satisfacción, mientras imaginaba la cara que pondría mi novio si me hubiera visto así.