Jocilena muestra su coño sin vello y me lo devora
El roce de sus dedos sobre mi piel me ponía la piel de gallina, pero no era cualquier tacto: eran los dedos de jocilena, la mujer que me quitó lo que más quería. Su coño depilado brillaba bajo la luz tenue, invitándome a hundirme en él mientras me miraba con esa sonrisa de satisfacción, sabiendo que estaba tomando venganza. Me empujó contra la pared, sus uñas clavándose en mis hombros, y sentí cómo su lengua recorría mi cuello antes de bajar hasta mi polla, chupándola con furia, como si quisiera arrancarme algo más que un gemido. Su saliva mezclada con mi semen la hacía más resbaladiza, y cuando me montó a horcajadas, sentí su coño apretado envolviéndome de una estocada, hasta que sus caderas chocaron contra las mías. Gemía sin control, diciéndome que nadie la llenaba como yo, pero yo sabía que era mentira: solo quería humillarme. Movía su cadera en círculos, frotándose contra mí mientras sus pechos rebotaban, y cada vez que clavaba las uñas en mi pecho, sentí el placer mezclarse con el dolor. Quería correrme dentro de ella, marcarla de una vez, pero entonces aceleró el ritmo, cabalgándome con fuerza, hasta que su coño se contrajo y tengo que soltar todo dentro de ella, pero Jocilena grita más fuerte, aprieta más fuerte, y yo no aguantó más, y entonces todo se vuelve blanco