Hermanastra disfruta pollas grandes en orgía salvaje
La hermanastra ya tenía las bragas empapadas desde que él llegó con ese pantalón ajustado que le marcaba la verga dura como una roca. No pudo resistirse cuando la mano de él se coló por debajo de su blusa para apretarle el pecho mientras le susurraba al oído que la iba a dejar bien follada. Ella gimió fuerte cuando le arrancó el tanga con los dientes y le escupió en el culo antes de empotrarla contra la pared del salón, donde el resto de la fiesta ya se había convertido en un remolino de carne sudorosa y gemidos. Los otros tipos no perdieron tiempo: uno le chupó los pezones mientras otro le metía dos dedos en el coño hasta que ella gritó que se corría, pero él no la dejó acabar, le tapó la boca con la mano y le clavó la polla hasta el fondo, haciendo que sus caderas se sacudieran como si la hubieran electrocutado. Entre gemidos ahogados y corridas que le resbalaban por los muslos, la hermanastra se dejó llevar por el doble juego de vergas que le reventaban el coño y el culo al mismo tiempo, sintiendo cómo cada embestida le sacaba el aire de los pulmones mientras el líquido caliente de los otros tipos le salpicaba la cara y el pelo en un bukkake que la dejó completamente empapada. Cuando por fin la dejaron respirar, ella solo atinó a susurrar que quería más, que le dieran hasta ahogarla en leche, y los machos no se hicieron rogar, porque esta noche no había límites para una zorra que disfrutaba siendo el centro de atención de una orgía donde todos querían dejarle la marca de su corrida. Los gritos de placer se mezclaban con el sonido de carne chocando contra carne, los muslos le temblaban de tanto correrse y el olor a sexo llenaba el aire mientras ella, con los ojos vidriosos y la boca entreabierta, no podía creer que su cuerpo aguantara tanto placer sin romperse en mil pedazos.