Hermana mayor llena de curvas se masturba sin parar
La hermana mayor llevaba días con la blusa ajustada y los pantalones cortos que le marcaban ese culo redondo y ese coño jugoso que se le notaba incluso bajo la tela. Hoy decidió que ya no aguantaba más y se encerró en su cuarto con solo un tanga de encaje rosado que apenas tapaba sus labios hinchados. Se tiró en la cama boca arriba con las piernas abiertas, agarrándose los pechos naturales y pellizcándose los pezones duros mientras se frotaba el clítoris con los dedos empapados. Primero fueron movimientos lentos, casi tortuosos, pero pronto pasó a gemidos roncos y embestidas bruscas contra su propia mano. Los muslos le temblaban y la humedad le resbalaba por el culo al arquear la espalda, buscando más fricción. De pronto, se imaginó que era su hermano pequeño quien le lamía el coño con esos labios gruesos y húmedos mientras le metía dos dedos bien adentro, retorciéndolos para tocarle el punto G sin piedad. Los espasmos le recorrieron el cuerpo cuando un orgasmo brutal la sacudió, dejándola con el coño palpitante y la respiración entrecortada, pero ni siquiera entonces se detuvo: siguió frotándose hasta que el clítoris le dolió tanto que tuvo que soltar un gritito de dolor mezclado con placer. Al final, se quedó tirada con las piernas temblorosas, los labios brillantes de sus propios jugos y una sonrisa perezosa mientras se limpiaba los dedos mojados en el borde de la cama.