Culona mexicana se deja empotrar con tacones y medias
Esa nalga mexicana no pudo resistirse cuando él le agarró el culo en el pasillo de la universidad, apretando fuerte esas dos bolas de carne bien redonditas que le hacían babear solo de mirarlas. Ella llevaba esos tacones altísimos que le hacían arquear la espalda y mostrar mejor su trasero prieto, junto con unas medias blancas que le llegaban hasta el muslo, resbaladizas como la seda pero que él no pudo evitar arrancarle de un tirón cuando la empujó contra la pared. La chiquilla se dejó caer de rodillas, con los pechos pequeños pero bien puestos, y le empezó a chupar la verga como una experta, sintiendo cómo se le endurecía en la boca mientras él le agarraba el pelo con fuerza y le metía hasta la garganta sin piedad. Cuando se levantó, él la volteó como si no pesara nada, le subió la falda del uniforme hasta la cintura y le enterró la cara entre sus nalgas, lamiéndole el coño ya empapado mientras ella gemía como una puta desesperada, rogándole que no parara. La polla le dolía de lo dura que estaba, así que sin avisar la embistió de una sola vez por detrás, empalándola hasta el fondo mientras ella chillaba y sus tetas pequeñas rebotaban al ritmo de cada envestida. Él le agarró las caderas con sus manos gruesas, clavándole los dedos en la carne, y le dio con toda la fuerza que tenía, sintiendo cómo el culo le temblaba cada vez que la golpeaba con fuerza. Ella se corrió gritando su nombre, con el coño chorreando leche y el culo lleno de babas, pero él no se detuvo ahí, sino que la siguió empotrando hasta que él mismo se vino dentro de ella, llenándole el útero de semen mientras ella caía rendida contra la pared, jadeando y con las medias rotas colgando de sus tobillos.