Gonzales gime mientras lo empotran en perrito
—¿Crees que aguantarás lo que te voy a dar?— le desafió Markin Wolf con una sonrisa pícara mientras agarraba las nalgas firmes de Gonzales. El pasivo ya estaba ardiendo de anticipación, su culo apretado temblando al sentir los dedos del macho lubricando su entrada con movimientos expertos. Markin no perdió tiempo y clavó su verga gruesa de una estocada, haciendo que Gonzales soltara un gemido agudo que resonó en toda la habitación. El pasivo se aferró a las sábanas, sus muslos tensos mientras el macho lo embestía con fuerza, cada empujón más profundo que el anterior. Gonzales no podía evitar retorcerse, su cuerpo sudoroso y su polla goteando de excitación. —¡Más fuerte, cabrón!— gritó, desafiándolo a superarse. Markin gruñó en respuesta y aceleró el ritmo, sus caderas chocando contra el culo de Gonzales con un sonido húmedo y obsceno. El pasivo jadeaba, sus gemidos entrecortados mientras el macho lo penetraba sin piedad, sus dedos clavándose en sus caderas para mantenerlo en su lugar. El sonido de la piel golpeando contra piel llenaba el aire, mezclado con los jadeos y los gruñidos de los dos hombres. Gonzales ya no podía hablar, solo gemir y arquearse bajo el peso del macho, su cuerpo temblando de placer. Markin sintió cómo su verga se hinchaba, listo para explotar, y con un último empujón brutal, se corrió dentro del culo de Gonzales, llenándolo por completo. El pasivo se derrumbó sobre la cama, exhausto pero satisfecho, su cuerpo aún vibrando por el orgasmo. Markin se retiró con una sonrisa de satisfacción, observando cómo el semen escapaba lentamente del culo de Gonzales, marcando su victoria en ese juego de dominación.