Fardos la madrastra árabe que lo provocó hasta que Shaaban no aguantó más
Shaaban no podía quitarle los ojos de encima desde que llegó a casa con ese vestido ajustado que marcaba cada curva de su culo redondo y gordo. Yo me movía por la cocina, rozándome contra él cada vez que pasaba, dejando que sintiera el calor de mi coño mojado a través de la tela. Le envié una foto de mis tetas rebotando en el espejo del baño, y cuando lo vi tragar saliva, supe que estaba listo. Lo llevé al dormitorio y me arrodillé frente a él, chupando su polla dura hasta que gimió como un animal. Luego me puse en cuatro patas, ofreciéndole mi culo carnoso para que me empotrara de una estocada, sintiendo cómo su verga gruesa me llenaba hasta hacerme gritar. Me agarró de las caderas y me folló contra el colchón, el sonido de su piel chocando contra la mía llenando la habitación. Cuando me corrió dentro, me mordió el cuello y susurró: 'Eres una puta insaciable, ¿verdad?'