Esposa peluda del sur se empotra para calentar al marido
La peluda del sur no aguantó más con la calentura que llevaba días aguantando dentro de esa falda ajustada... Cada vez que su marido se ponía los zapatos para ir al trabajo, sus tetas grandes rebotaban bajo la blusa transparente y él solo podía fijarse en cómo ese coño jugoso le pedía a gritos que la embistiera contra la pared. Sin perder tiempo, se quitó el tanga de encaje enseguida y se arrodilló en el suelo de la cocina, con las piernas bien abiertas, mostrando ese coño peludo y chorreante que llevaba horas deseando sentir algo duro dentro. Él no necesitó más invitación: se bajó el pantalón de un tirón y sacó esa polla gruesa que llevaba palpitando todo el día, lista para reventarle el culo a esa puta caliente que gemía con la boca llena de babas. La primera embestida la dejó sin aire, con los pezones duros rozando la mesa mientras él le agarraba la cadera con fuerza y le metía la verga hasta el fondo, haciendo que su coño peludo se llenara de leche espesa con cada golpe. Ella gritaba como una loca, con los muslos temblando mientras su marido le escupía en el culo antes de empalarla de nuevo, esta vez con más rudeza, hasta que los dos terminaron sudando, con las sábanas del sofá todas mojadas y el olor a sexo inundando toda la casa. Cuando por fin se corrió dentro de ella, gruñendo como un animal, la peluda del sur se quedó tirada en el suelo, con las piernas abiertas y ese coño destrozado goteando leche blanca por las piernas mientras se mordía los labios para no gritar otra vez.