Chupando polla negra como una puta hambrienta
La tatuada de pelo rosa no podía resistirse a esa verga gruesa y oscura que su novio negro le mostraba con orgullo. Se arrodilló en el suelo, sus tetitas pequeñas con los pezones perforados rebotando mientras abría bien la boca para tragarse cada centímetro de esa polla enorme. Los gemidos salían ahogados mientras su saliva chorreaba por los labios, empapando el miembro que entraba y salía de su garganta con fuerza. La puta submisiva cerraba los ojos, disfrutando el sabor salado y el peso de la verga en su lengua, mientras sus manos agarraban las caderas del negro para empujarla más adentro. El sonido de las embestidas profundas llenaba la habitación, mezclado con los jadeos de la chica que ya no podía respirar bien pero no quería soltarlo. Cuando el negro le agarró la cabeza con fuerza y empezó a follarle la boca como una máquina, ella supo que se iba a correr en su garganta. El líquido caliente le llenó la boca y ella tragó todo sin perderse ni una gota, limpiando hasta la última gota con su lengua antes de caer exhausta sobre la alfombra.