Ella te va a contar cómo se corrió de lo cachonda que estaba
Esa tarde, en mi cuarto, me puse un vestido ajustado solo para provocarte, sabiendo que no podrías resistirte. Me movía despacio frente al espejo, ajustando el tejido sobre mis tetas, dejando que el dobladillo rozara mi coño mojado. Te envié fotos, te escribí cosas sucias, y cuando por fin llegaste, ya estaba empapada. Te sentaste en la cama y me miraste con esa mirada de hambre, pero yo no te dejé tocarme de inmediato. Primero te obligué a chuparme los pezones, a lamerme el cuello, a meter los dedos en mi coño y sacarlos lentamente, solo para ver cómo brillaban. Gemí fuerte, arqueando la espalda, pero seguí negándote mi boca. Hasta que no aguantaste más, me empujaste contra la pared y me levantaste la falda de un tirón. Tu polla entró de una estocada, llenándome entera, y yo grité, clavándote las uñas en la espalda. Me follaste contra la pared, contra el espejo, en la cama, sin piedad, hasta que mis piernas temblaron y me corrí en tu verga, gritando tu nombre. Y justo cuando ibas a correrte dentro de mí...