El atleta musculoso me rompió el culo en un polvo salvaje
El sudor de su piel me quemaba la espalda mientras me agarraba las caderas con fuerza, y yo solo podía gemir más fuerte cada vez que su polla gruesa me abría de par en par. Llevaba días mirándolo en el gimnasio, imaginando cómo sería sentir esa verga enorme dentro de mí, pero nada me preparó para la realidad: Harrison Feels no solo tenía el cuerpo de un dios, sino que sabía cómo usar cada centímetro de su carne para volverme loca. Sus manos me apretaban los muslos mientras me empotraba contra la pared, y yo no podía dejar de chuparle los dedos cada vez que me penetraba hasta las pelotas. El sonido de su piel golpeando la mía resonaba en toda la habitación, y yo solo quería más, más rápido, más duro, hasta que mi culo ya no pudiera distinguir el dolor del placer. Sus gemidos roncos me decían que estaba a punto de correrse, pero yo no quería que parara, no quería que ese momento terminara nunca. El calor de su leche me llenó por completo, y yo solo pude gritar su nombre mientras mi cuerpo temblaba bajo el suyo, sabiendo que esto era solo el principio de algo mucho más sucio.