Doctor caliente explota al pequeño Felix Maze
Te voy a contar cómo empezó con un susurro entre los muslos de Felix, ese cosquilleo que lo ponía como loco cuando el doctor le palpaba los abdominales marcados. Llevaba semanas viniendo a la consulta con esos pantalones tan ajustados, la polla dura como roca cada vez que el doctor Legrand Wolf lo hacía inclinar sobre el escritorio. ¿Te imaginas la tensión cuando el doctor, después de revisarle el culo apretado, le susurró al oído que llevara algo más cómodo la próxima vez? Felix Maze llegó esa tarde con un pantalón tan fino que se le transparentaba el bulto, y cuando el doctor lo obligó a chupársela entera de golpe, el pobre no aguantó ni un minuto antes de gemir como un putito desesperado. Legrand Wolf no se conformó con eso, claro, lo empotró contra la camilla hasta que el culo de Felix quedó rojito de tantas embestidas, y cuando le metió los dedos en la boca para que los chupara mientras seguía follándolo, el pequeño no pudo evitar correrse como un manantial. Hasta el último chorro de leche le resbaló por el muslo, y cuando se fueron, el doctor dejó la bata manchada en el suelo, prueba de lo bien que se la habían pasado.