Disfrutando que mi mejor amiga me chupa el culo como una experta
Acababa de descubrir que mi mejor amiga, Michellhot, escondía un secreto: su lengua sabía hacer milagros con el culo. Todo empezó cuando nos quedamos solas en mi habitación, riéndonos de un chiste tonto, hasta que sus dedos traviesos se colaron bajo mi tanga. Yo gemí al sentir su boca húmeda pegada a mi culo, chupando con tanta fuerza que mi piel vibraba. Nunca imaginé que pudiera sentirme tan mojada solo por esto, pero cuando metió dos dedos hasta el fondo, mi coño empezó a chorrear. Michellhot gruñó satisfecha, lamiendo cada gota que escapaba, mientras yo empujaba mi culo contra su cara, pidiendo más. Sus dientes mordisquearon suavemente mi espalda, marcándola, antes de que su lengua se hundiera entre mis nalgas, buscando mi agujerito. Cuando lo encontró, gemí fuerte, arqueándome, porque ningún hombre me había lamido el culo así. Mis piernas temblaban, pero ella no paró, chupando y mordiendo como si fuera su postre favorito. El orgasmo me sacudió de golpe, dejándome temblando, con su saliva mezclada con mis jugos corriendo por mis muslos. Al terminar, el tanga blanco que llevaba antes yacía hecho un ovillo en el suelo, manchado de culpa y placer.