Diosa africana se masturba con su coño enorme
La diosa africana no podía aguantar más la humedad que le empapaba el coño desde que se despertó esta mañana, así que se quitó el vestido de colores chillones sin pensarlo dos veces y se tiró sobre la cama con las piernas bien abiertas. Con los dedos empapados en su propia miel, comenzó a frotarse el clítoris hinchado mientras se mordía el labio inferior para no gemir demasiado fuerte, pero pronto los jadeos se le escaparon sin control al sentir cómo el placer le recorría toda la espalda. Se agarraba con fuerza a las sábanas mientras sus caderas se movían al ritmo de sus dedos, cada vez más rápido, más desesperados, imaginando que era una verga gruesa y palpitante la que le abría el coño de par en par. Los muslos le temblaban y el sudor le resbalaba por el pecho entre sus pechos grandes y sudados, que se sacudían con cada embestida imaginaria que le daba a su coño empapado. De pronto, un orgasmo brutal le recorrió el cuerpo como un relámpago, haciendo que se arqueara sobre la cama mientras un chorro de jugos le resbalaba entre las nalgas y le mojaba hasta la sábana. Con la respiración entrecortada, se quedó quieta un momento, con los ojos vidriosos y la boca entreabierta, pero antes de que pudiera recuperarse del todo, volvió a meterse los dedos hasta el fondo, esta vez con más saña, buscando otro subidón que la dejara temblando de nuevo. Los gemidos se le hicieron más agudos y guturales, mezclándose con el sonido húmedo de sus dedos entrando y saliendo sin piedad, mientras su coño se contraía una y otra vez, como si estuviera chupando algo que no quería soltar. No pasó mucho hasta que el segundo orgasmo llegó como una ola gigante, dejándola completamente agotada, con el coño palpitante y las piernas completamente relajadas, pero aún temblorosas por la intensidad.