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Chica perversa se deja lamer el coño en la cocina

7:23 SD 6 Exóticas
coño depilado y mojadocorrida sin controlchica morena perversalamer con pasiónvestido ajustado y calcetinespolla grande y gruesachupar con avidezgemidos intensos y gritosembestidas fuertes en el culotetas oscilaron con el movimiento
Estúdio Dick_herr
Atores Dickherr

La morena de ojos negros y pelo corto no paraba de mirarme con esa sonrisa pícara mientras yo terminaba de pelar un plátano sobre la encimera. Llevaba puesto ese vestido ajustado que le marcaba cada curva y unos calcetines blancos que le daban un aire de colegiala traviesa, pero esos labios carnosos y ese culo respingón gritaban otra cosa. Sin aviso, se subió de un salto a la mesa, separó bien las piernas y me mostró su coño depilado, ya bien mojado y reluciente bajo la luz de la cocina, mientras se mordía el labio inferior con un gemido ronco. Yo no pude resistirme, me lancé entre sus muslos y le empecé a lamer el clítoris con la lengua bien plana, disfrutando de ese sabor dulce mezclado con el sudor de su piel caliente. Ella echó la cabeza hacia atrás y soltó un jadeo que resonó en toda la casa, agarrándose con fuerza a los bordes de la mesa mientras yo le hundía dos dedos dentro sin piedad, sintiendo cómo su coño se contraía cada vez que le lamía el punto más sensible. De repente, se levantó de un brinco, me agarró de la correa del pantalón y me arrastró hasta el baño, donde me empujó contra la puerta y se arrodilló en el suelo frío para empezar a chuparme la polla con una avidez que me dejó sin aliento. La punta de mi verga apenas cabía en su boca, pero ella no se rindió, moviendo la cabeza arriba y abajo mientras me miraba con esos ojos negros llenos de lujuria, hasta que terminé escupiendo mi leche caliente directamente en su garganta sin avisar. Después de recuperar el aire, me llevó al dormitorio donde se quitó el vestido para quedar solo con esos calcetines y unas bragas de encaje negro que ya estaban empapadas. Se tiró boca abajo en la cama y me pidió a gritos que le diera una buena zurra en el culo, así que le levanté la cadera con una mano y le metí la polla hasta el fondo con un solo empujón, haciendo que sus tetas oscilaran con cada embestida. El sonido de nuestros cuerpos chocando se mezclaba con sus gritos de placer, y no pasó mucho antes de que ambos nos corriéramos en un orgasmo intenso que dejó el colchón hecho un desastre y a ella temblando de los pies a la cabeza.

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