Mujer casada folla con instructor en jet ski mojada
La morena de curvas perfectas no pudo resistirse al cuerpo musculoso del instructor cuando él le enseñó a manejar el jet ski. Mientras le explicaba los controles con voz grave y manos firmes, ella no dejaba de morderse el labio inferior, mirando de reojo cómo sus bíceps se marcaban bajo la camisa mojada. Él, con esa sonrisa pícara que solo tienen los tipos que saben follar, le pasó el brazo por la cintura para ajustar su postura... y ahí fue cuando ella sintió su verga dura apretándose contra su culo. La morena jadeó y se empapó al instante, sintiendo cómo el coño le ardía de ganas por sentirlo dentro. Sin pensarlo, se quitó el top del bikini y se lo ofreció para que se lo tragara con la boca mientras le bajaba el tanga de un tirón. Él no perdió tiempo: la empujó contra la pared de la cabina, le agarró las tetas con ambas manos y se las metió hasta el fondo de la garganta, escuchando sus gemidos ahogados. Ella, loca de lujuria, le desabrochó el short y sacó esa polla gruesa que ya le estaba baboseando los muslos. Con un movimiento brusco, él la levantó en vilo y la empotró contra el cristal del jet ski, haciendo que el aparato se balanceara peligrosamente en el agua. La morena gritó cuando su culo redondo se abrió para recibir cada embestida brutal, sintiendo cómo la verga le llegaba al útero con cada envite. Él le mordisqueaba los pezones mientras le susurraba al oído lo puta que estaba por dejarse follar en público, y ella solo podía gemir y empujar el culo contra él, pidiendo más. Cuando él le metió dos dedos en la boca para que los chupara mientras le clavaba la polla hasta las pelotas, la morena no pudo aguantar más: se corrió con un espasmo tan fuerte que le mojó toda la entrepierna, dejando marcas húmedas en el asiento del jet ski. Él, lejos de acabarse, la giró y la puso de espaldas, penetrándola por detrás con una ferocidad que hizo que el motor del jet ski rugiera al compás de sus embestidas. Ella, con las tetas rebotando y el coño goteando, no paraba de gemir su nombre y suplicarle que no se detuviera. El agua salada les mojaba la piel mientras él la follaba sin piedad, hasta que por fin, con un gruñido gutural, se descargó dentro de ella, llenándola de leche caliente mientras la morena se dejaba caer contra su pecho, jadeando y temblando de placer.