Chica mallu se moja los dedos con su coño
La morena de curvas explosivas llevaba toda la tarde mordisqueando el labio inferior mientras se pasaba la lengua por los dientes, imaginando cómo sería sentir algo más que sus propios dedos entre esos muslos prietos. Cuando la tocó por primera vez, su coño ya estaba tan empapado que el rostro de ella se le iluminó como si le hubieran encendido una bombilla. Las yemas de sus dedos resbalaban entre los pliegues resbaladizos mientras la chica gemía con los ojos entrecerrados, mordiendo un cojín para no gritar. Él hundió dos dedos dentro de ella sin avisar, sintiendo cómo las paredes vaginales se aferraban ansiosas, calientes como brasas, mientras ella arqueaba la espalda y dejaba escapar un chorro de aire caliente entre los labios. Las embestidas con los dedos se volvieron más rápidas, más brutales, y cada vez que chocaban contra su punto más sensible, un espasmo sacudía todo su cuerpo. Ella se retorcía sobre la cama, con las piernas temblorosas y los muslos cubiertos de un brillo húmedo que delataba lo mucho que le gustaba aquel trato. Cuando él añadió un tercer dedo, la morena abrió la boca en un suspiro largo y ronco, como si le faltara el aire, mientras su coño se contraía alrededor de aquellos intrusos con movimientos desesperados. Los sonidos de su excitación llenaban la habitación: la piel chocando contra piel, los gemidos ahogados, los susurros sucios que ella le escupía entre jadeos. Él no se detuvo hasta que ella se corrió, empapando sus dedos de un líquido espeso y caliente que le resbalaba por la mano mientras su cuerpo se estremecía en espasmos violentos. El orgasmo la dejó temblando, con las piernas flácidas y los muslos pegajosos, pero él siguió acariciándola con suavidad hasta que los temblores cesaron y solo quedó el sonido de su respiración entrecortada.