Chica de tetas gigantes disfruta su polla en aguas termales
Corriendo hacia las aguas termales para escapar del calor, mi coño ya estaba humedeciendo de anticipación por esa polla dura que me esperaba entre los arbustos. Sin avisar, la sacó rápido, gruesa y palpitante, y antes de que protestara, me empujó contra una roca con los dedos abriéndome los labios del coño para meterla de una estocada hasta que sentí el golpeteo en la entrada del útero. Gemí fuerte, pero me tapó la boca con la otra mano, susurrante que alguien podía escucharnos, aunque eso solo me mojó más. Cada embestida me hacía chocar contra la piedra, el agua salpicando mientras él me apretaba las tetas, pellizcándome los pezones para callarme cuando los gemidos subían. Sentí sus bolas pegadas a mi culo, golpeando mis muslos con cada penetrada, hasta que me corrió adentro con un gruñido ahogado, y yo me mordí el labio para no gritar. Cuando me soltó, sus dedos dejaron marcas rojas en mis caderas, y en el suelo, entre las rocas, quedó un rastro brillante de su leche resbalando por mi muslo.