Birx se sube al Sybian y lo domina en 10 minutos
El salón estaba iluminado por la luz tenue de las velas, el aire olía a vainilla y el Sybian esperaba en el centro, reluciente y listo para mí. Yo ya llevaba horas imaginando cómo me sentiría encima de ese juguete, pero esta vez no sería solo un juguete: sería mi rival. Le había dicho a mi pareja que no aguantaría ni cinco minutos, que mi coño no resistiría tanto placer. Me quité el tanga de encaje rojo y me senté sobre la máquina, sintiendo cómo las vibraciones empezaban a latir contra mi clítoris. Al principio fue suave, pero luego subí la intensidad hasta que cada sacudida me hacía gemir sin control. Mis tetas rebotaban con cada movimiento, y el sonido húmedo de mi coño chorreando se mezclaba con los gemidos que no podía contener. Lo miré desafiante mientras me agarraba los pechos, retándolo a que aguantara verme correrme una y otra vez. Sus ojos no podían apartarse de cómo me movía, de cómo el Sybian me penetraba una y otra vez sin piedad. A los siete minutos ya estaba temblando, pero me negué a rendirme. '¿Ves?', le dije entre jadeos, 'todavía no me rindo'. Y entonces, con un último espasmo, me vine tan fuerte que casi me desmayo. Él solo pudo reírse y decir: 'Puta, esto no ha terminado'