Belinda masajeando sus tetas gigantes antes de follar
El cuarto estaba en penumbra, con solo la luz tenue de una lámpara de noche iluminando el sofá de cuero donde Belinda se recostó, sus enormes tetas rebotando con cada movimiento mientras sus manos las amasaban con deseo. La puerta del pasillo crujió levemente, haciendo que ambos contuvieran la respiración, pero el sonido no se repitió. Ella gimió bajito, arqueando la espalda para que sus pezones rozaran la polla dura del tipo, que ya no aguantaba más y le bajó el tanga de un tirón. Las tetas de Belinda saltaban con cada embestida, sus gemidos ahogados contra la almohada para que nadie en la casa escuchara. El tipo la penetró hasta las pelotas, sintiendo cómo su coño apretado lo envolvía mientras ella mordía su labio para no gritar. De pronto, pasos en el corredor los paralizaron, pero solo era el perro pasando. Belinda lo montó con furia, sus tetas chorreando sudor mientras su culo golpeaba contra el vientre del hombre. Él la agarró de las caderas y la clavó contra su verga, sintiendo cómo su coño palpitaba alrededor de su polla. Ella estaba a punto de correrse, pero un ruido en la cocina los hizo detenerse de golpe. El tipo la volteó de espaldas y le metió la polla hasta hacerle tocar el cuello del útero, y Belinda no pudo evitar soltar un gemido ahogado. Las paredes temblaban con cada empujón, y justo cuando él iba a correrse, alguien giró la perilla de la puerta...