Arte vintage de pollas duras y coños mojados en acción
El lápiz del artista temblaba entre sus dedos mientras trazaba cada curva del cuerpo desnudo frente a él, pero esta vez no era solo un modelo cualquiera: era la ex de su mejor amigo, la misma que lo había dejado por un tipo con más dinero. Ella se movía con provocación, sabiendo que él no podía resistirse, y cuando sus miradas se encontraron, supo que la venganza sería dulce. El carboncillo se le cayó de la mano cuando ella se arrodilló frente a su bulto, desabrochando el pantalón con dedos expertos. La polla del artista saltó libre, dura como el mármol, y ella la envolvió con sus labios carnosos, chupando con saña mientras sus uñas se clavaban en los muslos. El sonido húmedo de su boca lo volvía loco, y cuando la empujó contra el caballete, el lienzo se manchó con el aceite de su cuerpo sudoroso. Él la penetró de una estocada, sintiendo cómo el coño caliente lo apretaba hasta las pelotas, mientras ella gemía como una perra en celo. Cada embestida era un castigo, cada gemido un recordatorio de que ahora era suya, no de aquel imbécil que la había dejado. El artista le arrancó el vestido, dejando al descubierto sus tetas firmes y el culo perfecto, y cuando la puso a cuatro patas, el lápiz rodó por el suelo mientras él la embestía sin piedad. El orgasmo lo sacudió como un rayo, llenando su coño con un chorro espeso que la hizo gritar, pero él sabía que esto no terminaría aquí. La próxima vez, la humillaría aún más, porque la venganza nunca se olvida.