Abby McCoy le hace un rusty trombone a Xavier Aries en la cama
La habitación estaba bañada en luz tenue, con aceites lubricantes esparcidos sobre las sábanas y un ligero olor a sudor que flotaba en el aire. Yo, Xavier Aries, nunca imaginé que Abby McCoy me sorprendería tanto: cuando le aparté las piernas, su coño ya estaba chorreando, pero lo que no esperaba era que su boca estuviera tan desesperada por mi polla. Le metí los dedos primero, oyendo cómo gemía y arqueaba la espalda, antes de que me bajara los calzoncillos de un tirón. Su lengua lamió mi verga con avidez, chupando con tanta fuerza que casi me corro en su boca. Pero ella quería más: se dio la vuelta, mostrando ese culo apretado y perfecto, y me empujó para que se la metiera de una estocada. El sonido de su piel chocando contra la mía resonaba en la habitación, sus gritos ahogándose contra la almohada. Cada embestida la hacía gemir más fuerte, y cuando le metí los dedos en el culo, su cuerpo entero tembló. La volteé de nuevo, esta vez para que me cabalgara, y vi cómo su coño tragaba mi polla entera. Sus tetas rebotaban con cada movimiento, y cuando le lamí los pezones, se corrió con un grito ronco. Yo no aguanté más: me saqué y le llené la cara de leche, manchando su piel con mi corrida caliente. Y ahora, mirando hacia abajo, veo las marcas de sus uñas en mi espalda, recordándome lo salvaje que fue todo.