Monja pecosa se corre goteando con verga ajena
La monja Violeta llevaba meses escondiendo sus curvas bajo el hábito negro hasta que una noche, entre susurros de oración y el aroma a incienso rancio del convento, sintió cómo su coño empapado de pecado se le escapaba por las piernas al más mínimo roce de sus dedos entre los pliegues. Desde el primer mordisco en su pezón turgente, que asomaba bajo la tela áspera, supo que aquél no sería un pecado de palabra, sino de carne: la verga gruesa y venosa del seminarista recién llegado le rozó el muslo mientras ambos tropezaban en el pasillo oscuro, y ella, en lugar de santiguarse, le agarró la polla por encima del pantalón y le susurró al oído que si no se la metía ahí mismo, iba a gritar hasta que los santos se despertaran. Él no necesitó más invitación: la empotró contra la pared de la sacristía con tal fuerza que el crucifijo se sacudió y el sonido de sus cuerpos chocando se mezcló con los gemidos ahogados de ella, que se mordía el labio inferior hasta hacerlo sangrar mientras la verga le abría el coño como si fuera mantequilla derretida. La monja se corrió por primera vez en años con un chorro potente que le empapó el hábito y le resbaló por los muslos, manchando el suelo de azulejos con su leche de pecado, pero no se detuvo ahí: le exigió que la siguiera hasta el confesionario, donde se arrodilló con las botas negras bien abiertas y le chupó la verga hasta que el semen le brotó por la garganta en gruesos hilos blancos mientras ella tragaba sin perder gota. Después, en la cama del ático donde él dormía, ella se montó encima con los pechos desbordando de la tela del corpiño y la espalda arqueada como un arco tenso, cabalgándolo a ritmo de plegarias invertidas hasta que el sudor le resbaló por el culo tatuado y los dos se vinieron juntos en un orgasmo que hizo temblar las vigas del techo. Cuando él le preguntó si era pecado lo que acababan de hacer, ella le lamió la polla flácida con la punta de la lengua y le soltó una carcajada ronca: 'Claro que lo es, pero hoy me importa una mierda el cielo'.