Stella Rose domina a Jada con un dildo y la hace gemir de placer
—'¿Crees que puedes aguantar lo que te voy a dar?' —le dije a Jada mientras me ajustaba el arnés, sintiendo el peso del dildo entre mis piernas. Ella se mordió el labio, desafiante, pero sus ojos ya brillaban de anticipación. Mi coño estaba mojado solo de imaginar cómo iba a hacerla correrse, cómo iba a arrancarle esos gemidos que tanto me excitaban. La empujé contra la pared, mis manos recorriendo su cuerpo mientras ella arqueaba la espalda, ofreciéndome sus tetas firmes. 'No vas a poder resistirte', le susurré al oído antes de morderle el lóbulo. Mis dedos se hundieron en su coño, ya chorreando, y ella jadeó, sus caderas moviéndose contra mi mano. 'Más', gimió, y yo sonreí, sabiendo que estaba ganando. La levanté y la llevé a la cama, donde la tiré boca abajo, su culo redondo en el aire. 'Abre las piernas', ordené, y ella obedeció sin dudar. El dildo se deslizó dentro de ella de una estocada, llenándola por completo, y Jada gritó, sus uñas clavándose en las sábanas. Empecé a embestirla con fuerza, cada empujón más profundo que el anterior, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor del juguete. 'No pares', suplicó, y yo aceleré el ritmo, golpeando su punto G una y otra vez hasta que su cuerpo tembló y se corrió con un grito ahogado. Pero yo no había terminado. La giré y me senté a horcajadas sobre su cara, frotando mi coño mojado contra su boca mientras ella me lamía con desesperación. 'Chúpame bien, puta', le dije, y ella obedeció, su lengua trabajando sin descanso hasta que yo también me corrí, mi cuerpo convulsionando sobre el suyo. Cuando terminamos, ambas jadeantes y sudorosas, Jada me miró con una sonrisa pícara y dijo: 'La próxima vez, te haré rogar a ti.'