Sofie Reyez se atreve con mi polla negra y pierde la apuesta
La habitación estaba húmeda y cargada del olor a lujuria cuando Sofie Reyez entró, desafiándome con esa mirada de 'demuéstrame que puedes'. Sabía que era una puta provocadora, así que me senté en el sofá con mi verga negra ya dura, lista para humillarla. Ella se inclinó, sus tetas pequeñas rebotando mientras se acercaba, pero al primer contacto con mi polla gruesa, sus ojos se abrieron como platos. 'Trágatela entera', le ordené, y aunque intentó resistirse, mi mano en su nuca la obligó a meterla hasta el fondo. El sonido de su garganta ahogándose era música para mis oídos, sus lágrimas cayendo mientras la follaba la boca sin piedad. Sus gemidos entrecortados me encendieron más, así que saqué la polla brillante de saliva y le di una nalgada. '¿Ya te rindes, guarra?', le pregunté, y ella negó con la cabeza, decidida a probar que podía ganar. Pero cuando volví a empujarle la polla hasta la garganta, sus muslos se apretaron y empezó a temblar. Sabía que estaba al borde, así que aceleré el ritmo, empujando cada vez más fuerte hasta que sus labios chocaron contra mis pelotas. Con un gemido ahogado, se corrió en mi mano, incapaz de soportar más, y entonces fue mi turno. Agarré su cabeza y descargué toda mi leche caliente en su lengua, llenándole la boca hasta que no pudo tragar más. Cuando terminó, jadeando y con la barbilla manchada, le susurré: 'La próxima vez, te haré tragarla doblemente.'