Sahara Skye se deja empotrar por su padrastro como una zorra en celo
Sahara Skye te voy a contar cómo me abrí de piernas para mi padrastro esa tarde, sin que nadie lo supiera. Desde que cumplí 18, sentía que su polla me llamaba cada vez que me miraba así, con esa mirada de lobo. Un día, cuando estábamos solos en casa, me agaché frente a él y le saqué el miembro duro, húmedo de tanto mirar mi culo respingón. Lo chupé lento, saboreando cada gota de líquido preseminal mientras él gruñía como un animal, pero lo que ni yo sabía era que su verga era más gruesa de lo que imaginaba, tan gruesa que cuando me la metió de una embestida brutal hasta el fondo, sentí cómo me rompía por dentro. Grité, pero no de dolor, sino de placer, porque ese dolor ardiente se convirtió en algo que nunca había sentido, algo que me hizo gemir como una perra en celo. Él me jaló del pelo y me empotró contra la pared, hundiendo su polla hasta que mis caderas chocaron contra las suyas, y ahí sentí cómo sus bolas chocaban contra mi coño mojado. La primera vez que me corrí fue cuando me dio vuelta y me penetró a cuatro patas, hundiendo sus dedos en mi cintura mientras yo masticaba la almohada para ahogar mis gritos. Lo que más lo volvió loco fue cuando se corrió dentro de mí, llenándome hasta rebosar, y su cara de sorpresa cuando vio cómo su leche blanca escurría entre mis muslos. Sabía que a partir de ese día, mi padrastro ya no me vería igual, pero lo mejor fue que él tampoco pudo olvidar cómo su hijastra lo había enloquecido.