Rubia caliente se empala con un juguete gigante en el culo
Desde que llegó a la casa, Kristy no para de mover ese culito prieto y respingón cada vez que pasa frente a las ventanas. Hoy no se conformó con miradas, la muy putita se quitó el tanga de encaje negro y se sentó sobre un consolador enorme que ya goteaba lubricante. Con los pechos naturales bien apretados entre sus brazos, la rubia gemía fuerte mientras se empalaba despacio, sintiendo cómo el gordo juguete le abría el culo como nunca antes. Cada embestida profunda le arrancaba un grito agudo y un chorro de babas le caía por la barbilla mientras se la tragaba la polla artificial hasta la base. Los muslos le temblaban sin control y el jugo le resbalaba por las piernas, mojando el sofá de cuero donde se retorcía como una zorra en celo. Cuando por fin el juguete le llegó hasta las entrañas, la rubia se corrió a gritos, apretando los dientes y arqueando la espalda como si le hubieran electrocutado. El consolador salió chorreando mientras ella se limpiaba con los dedos, untándose la corrida por todo el coño antes de volver a empalarse una y otra vez. Los labios vaginales le ardían de tanto frote y el culo le quedó rojo y reluciente, listo para más si la polla de carne apareciera. Kristy se masturbó hasta dejar la sala llena de fluidos, con la lengua fuera y la mirada perdida en el éxtasis más sucio que jamás había sentido.