Vecina rubia pide café y se lo dan bien duro
La rubia de tacones altos no podía esperar ni un segundo más para que le metieran la verga hasta el fondo mientras se agarraba al mostrador de la cocina. Llevaba días coqueteando con él desde el balcón, mordiéndose el labio cada vez que él salía sin camiseta, pero hoy ya no pudo más y le soltó con voz de puta necesitada: *Dame café... pero bien caliente*. Él no necesitó más excusas, le agarró las tetas enormes y le metió los dedos entre las piernas descubriendo que el coño estaba completamente depilado y chorreando de tanto desearlo. La primera embestida en cuclillas le dejó el culo bien abierto y el gemido agudo le salió del pecho cuando él le clavó la polla hasta las pelotas, sintiendo cómo el coño se le apretaba como un tornillo alrededor del tronco grueso. Ella le suplicó que no parara, que la empotrara más fuerte, mientras él le tiraba del pelo rubio y le metía la lengua hasta la garganta entre jadeos. La posición de perrito le permitió clavársela hasta el fondo, haciendo que las tetas le rebotaran con cada embestida brutal y el sonido de los cuerpos chocando llenara la cocina. Él le agarró el culo redondo y prieto, le separó las nalgas para ver cómo la polla desaparecía dentro de su raja mojada y le susurró al oído que se corriera sobre su verga. Ella no pudo aguantar más, el orgasmo le recorrió la espalda como un relámpago y el coño le latió alrededor del miembro, apretándolo hasta que él le soltó la leche bien caliente por toda la raja y los muslos, dejando su piel brillante de semen y sudor. Cuando se desplomaron sobre el suelo de baldosas, él le lamió el coño empalado hasta dejarla completamente limpia, mientras ella gemía y le mordisqueaba la oreja pidiendo más. El café quedó olvidado en la mesa, frío y sin tocar, porque lo único que necesitaban ahora era más de ese polvo salvaje que les dejó las piernas temblorosas y los cuerpos pegajosos de tanto sudor y corrida.