Me abrí el culo virgen y me empotraron en 60 segundos
La primera vez que le dejé meterla por detrás no sabía ni cómo ponerme, pero entre sus gruesas manos y su verga dura como el mármol me empujó hasta el fondo sin piedad. Sentí cómo el anillo apretado de mi culo cedía ante cada embestida, mis gemidos se mezclaban con sus gruñidos mientras me empotraba contra el colchón hasta dejarme sin aliento. No tardó ni un minuto en ensancharme como una puta barata, mi agujero palpitando alrededor de su tronco mientras me llenaba de leche caliente por dentro. La segunda ronda la hice yo a él, le tapé los ojos con mi tanga sudado y le monté al revés hasta que se corrió gritando mi nombre como un animal. El muy cabrón no podía ni respirar, con la boca llena de mi coño empapado mientras yo le apretaba el rabo contra el fondo de mi garganta hasta ahogarle. Sentía su polla golpeándome la campanilla cada vez que se la tragaba entera, sus pelotas golpeando mi mentón mientras yo le chupaba los huevos hasta dejarlos limpios. Cuando por fin se corrió, escupió chorros espesos por toda mi cara, mi pelo y hasta los pechos, dejando mi cuerpo marcado como si fuera su propiedad. Me quedé tirada en la cama con las piernas temblando, el culo abierto y el coño chorreando, mientras él se reía como un demonio satisfecho. No hay nada más placentero que someter a un macho hasta que pierde el control, y menos cuando te usa como su juguete personal sin importarle nada más.