Putas anales en fiestas locas con payasos cachondos
Esa noche en el local de swingers la cosa se puso caliente cuando los payasos con sus trajes ajustados y pollas duras como piedras entraron al reservado donde ella bailaba con su body negro ajustado que apenas le tapaba el coño empapado. Él le agarró el culo prieto con fuerza mientras le lamía el cuello lleno de tatuajes, sintiendo cómo el piercing en su pezón le rozaba los labios mientras gemía de placer, y antes de que pudiera reaccionar, la empotró contra la pared con una embestida tan fuerte que le hizo soltar un grito ahogado. La otra chica, con sus muslos flacos y su culo pequeño pero respingón, se acercó a cuatro patas y empezó a chuparle las bolas a él, que ya estaba goteando de sudor y de lujuria, mientras le metía dos dedos en el coño mojadísimo que olía a sexo y a perfume barato. Ella se dejó caer de rodillas y se tragó la verga hasta la garganta, sintiendo cómo le llegaba hasta el fondo sin dejar de mirar a su amiga, que ya estaba siendo follada por detrás con los tacones puestos y el tanga hecho trizas sobre los muslos pálidos. Los gemidos retumbaban en el local, mezclándose con los sonidos de pieles chocando, de babas goteando y de respiraciones entrecortadas, hasta que él le ordenó que le escupiera la polla en la boca para que ambas pudieran ver cómo le corría una leche espesa y caliente que le cubrió la cara, los pechos y hasta el pelo teñido de rosa, mientras ellas se reían con las mejillas llenas de semen y los coños más mojados que nunca. Después, sin perder tiempo, la que tenía el culo más prieto se subió a horcajadas sobre su verga aún dura y empezó a cabalgarla como una loca, con los pechos rebotando al ritmo de cada embestida, hasta que todas acabaron sudando, jadeando y con las piernas temblorosas, con los coños sensibles y las bocas llenas de restos de corrida.