Ross Shop y su culo mexicano que te va a dejar sin aliento
El olor a sudor y lujuria llenaba el cuarto cuando me acerqué a él, sabiendo que mi culo lo tenía loco desde que le mandé esas fotos en ropa interior ajustada. Me encantaba provocarlo, rozarme contra su polla cada vez que pasaba, hasta que ya no pudo aguantar más. Me empotró contra la pared, sus manos apretando mis nalgas mientras me penetraba de una estocada, haciendo que mi coño mojado lo envolviera entero. Cada embestida era más fuerte, más profunda, hasta que sus dedos se clavaban en mi carne mientras gemía mi nombre. Sentía cómo su verga me llenaba por completo, rozando ese punto que me hacía gritar. No paró hasta que me corrí, temblando contra él, con su semen caliente escurriéndose por mis muslos. Cuando me miró, con esa sonrisa de satisfacción, solo pudo decir: 'Sabía que eras una puta insaciable'