Ally Jones seduce con un masaje especial el día de San Valentín
Matt Bird no podía creer lo que veía cuando Ally Jones entró al spa esa tarde, con un vestido ajustado que marcaba cada curva de su cuerpo y el perfume más intoxicante que había olido en meses. Ella ya lo había estado provocando toda la semana, enviándole fotos insinuantes y rozándole el brazo "accidentalmente" en el trabajo, así que saber que esta vez no se detendría fue un alivio instantáneo. En más de 15 minutos de escena, las manos de Ally se deslizaron sobre los hombros de él antes de bajar más, acariciando ese miembro grueso que ya palpitaba bajo sus dedos. Primero fue lento, con movimientos calculados para volverlo loco, masajeando cada centímetro de su polla mientras él gemía entre dientes. Pero cuando ella se subió a horcajadas, empalándose de una sola estocada hasta que sus caderas chocaron, ya no hubo juego: solo un ritmo frenético, el sonido de la piel golpeteando y los gritos ahogados de ella cada vez que él la embestía con toda esa fuerza. Ally se movía como una diosa, arqueando la espalda para que sus tetas rebotaran frente a su cara, y cuando cambió a cuatro patas, él aprovechó para agarrarle las nalgas y penetrarla hasta que las piernas le temblaban. La tensión acumulada durante días explotó cuando él gruñó, vaciándose dentro de ella mientras sus dedos le apretaban el cuello. El masaje había terminado, pero la sesión apenas comenzaba...