Puta mamá se traga polla en el estacionamiento prohibido
¡Cállate y chupa! Fue lo que le dije entre dientes, con la boca llena de su verga gruesa que apenas me dejaba respirar. La voz me temblaba, igual que las rodillas, porque sabía que esto estaba mal: follándomelo en el estacionamiento de mi edificio, con mi marido a solo unos pisos de distancia. Pero no podía parar, no cuando su polla entraba y salía de mi garganta, mojada y ardiente, mientras sus manos me agarraban del pelo como si fuera su puta sumisa. Me corría por las piernas la saliva espesa que no podía tragar toda, pero no me importaba, solo quería más, más profundo, hasta que sus huevos chocaban contra mi barbilla. ¡Dámela toda, cabrón! Grité cuando finalmente me llenó la boca, tragando cada gota mientras mi coño palpitaba vacío, pero ya no me importaba. Cuando salí, con los labios pegajosos y el corazón acelerado, vi a mi marido en la ventana del apartamento. No dijo nada, solo tragó saliva y cerró las cortinas.