Pawg de jinetas se corre con pollón duro
La moto rugía bajo su culo prieto mientras ella se agarraba con fuerza al manillar, mirando atrás con una sonrisa de puta viciosa que pedía más. Él no pudo resistirse y le levantó el short de lycra ajustado, dejando al aire ese culo redondo y tatuado que tanto lo volvía loco, tan blanco que parecía brillar bajo el sol del mediodía. Con un gemido gutural, le agarró las nalgas con ambas manos y se las abrió, dejando ver el coño bien depilado y ya empapado que lo esperaba entre sus piernas. Sin perder tiempo, le clavó la polla bien dura, gruesa y palpitante, hasta el fondo de su coño caliente y estrecho, arrancándole un grito agudo que se mezcló con el sonido de las hojas moviéndose por el viento. Cada embestida le hacía botar esas nalgas enrojecidas mientras él la empotraba contra el manillar de la moto, sintiendo cómo su carne se ablandaba y se humedecía más con cada movimiento brusco. Ella no paraba de gemir, con la voz entrecortada, suplicando que no se detuviera mientras le escupía babas en el hombro por lo intenso que era sentirlo dentro. Él le mordía el cuello y le tiraba del cabello corto, sintiendo cómo su coño se contraía cada vez que le daba un azote fuerte en el culo, dejando marcas rojas que se le veían incluso desde lejos. Cuando por fin sintió que el orgasmo le subía por la espalda como un rayo, le soltó un chorro grueso y caliente directamente en el coño, llenándola hasta que le resbaló por los muslos mientras ella se corría gritando su nombre entre jadeos. Todavía jadeante, se dejó caer contra su pecho sudoroso, con los pezones duros como piedras y el coño palpitando sin parar, completamente satisfecha y mojada de tanto follón.