Pareja tailandesa se corre dentro del coche
Él le levantó el vestido con manos temblorosas mientras ella ya le soltaba el cinturón del pantalón, sus dedos resbaladizos por la prisa del momento. La polla dura de él asomó entre la tela ajustada del boxer, palpitando contra su muslo mientras ella se mordía el labio inferior, sus tetas pequeñas pero firmes apretándose contra el volante. Él no esperó más y la empujó contra el asiento trasero, levantándole el culo para que la polla se clavara directo en su coño empapado, que chorreaba de lo mojada que estaba desde que lo vio desabrocharse el pantalón. Las embestidas eran brutales, su cadera chocando contra su culo prieto cada vez que la empotraba hasta el fondo, haciendo que ella gritara con voz aguda mientras sus uñas se clavaban en el cuero del asiento. Ella le pidió que no se detuviera, que le diera toda la verga dentro, y él obedeció sin piedad, con cada envestida haciendo que su culo rebotara contra sus muslos mientras el sudor les corría por la espalda. A ella le encantaba sentirlo tan dentro, tan profundo que podía sentir hasta los huevos golpeándole el clítoris hinchado, y en menos de un minuto sintió cómo el orgasmo la recorría de pies a cabeza, sus paredes vaginales apretando su verga como un tornillo mientras se corría con gemidos guturales. Él no tardó en seguirla, gruñendo como un animal mientras llenaba su coño estrecho con chorros calientes de leche espesa, que se le escurría por las piernas al correrse sobre la tela del asiento. Los dos quedaron jadeando, con las respiraciones entrecortadas y las ropas revueltas, mientras el olor a sexo fresco inundaba el interior del coche. Ella le susurró al oído que quería repetir, pero esta vez con más tiempo, mientras él le lamía el cuello sudoroso y le apretaba un pecho con fuerza, dejando claro que no sería la última vez que follaran en un lugar público.