Oso maduro se cubre de sudor mientras se masturba con su polla pequeña
Te voy a contar cómo un hombre maduro, con ese cuerpo peludo y esa barriga que tanto excita, se encierra en su cobertizo lleno de herramientas y suciedad para aliviar la tensión que llevaba acumulando días. Desde que se cruzaron miradas con aquel tipo del vecindario, su polla no le daba tregua, hinchándose cada vez que recordaba esos brazos fuertes, ese culo apretado bajo los pantalones ajustados. Hoy no pudo aguantar más: las manos temblorosas agarran su verga cortita pero dura, pelada al extremo, y empieza a menearla con furia, imaginando que es esa boca traviesa la que lo chupa. El sudor le resbala por el pecho mientras gime sin control, los dedos acarician la cabeza sensible, cada roce le arranca un quejido más fuerte, hasta que siente cómo el placer le sube por la espalda. No para, aunque las piernas le tiemblan, porque ya no hay vuelta atrás: su culo se apretó de golpe, la polla empezó a saltar, y sin poder evitarlo, un chorro espeso le salpica el vientre, manchando de blanco esa piel curtida. Cuando abre los ojos, jadeando, solo piensa en la próxima vez que tenga al otro tipo frente a él... y en lo que le hará sufrir.