Oficial Justin Magnum empotra a ladronzuela arrodillada
Kiara Cole no sabía que robar sería su perdición esa tarde. El oficial Justin Magnum la agarró del brazo con fuerza, obligándola a arrodillarse frente a él mientras le ordenaba abrir esa boca de putita que había estado callejeando. Sus labios temblaron al ver la polla dura que le plantó en la cara, brillando con la saliva que ya le escurría de la comisura. 'Chúpala bien, zorra', gruñó él, empujando su cabeza hacia adelante hasta que la garganta de Kiara se llenó entera, ahogando sus gemidos mientras las lágrimas le nublaban la vista. Las manos del oficial apretaban su melena rubia como si fueran riendas, tirando con cada embestida que le metía hasta hacerle tocar el cuello del útero. 'Mira cómo lloras, ladronzuela', se burló él, soltando su pelo para abofetearle el culo desnudito, dejando marcas rojas en esa piel suave que ahora ardía. Kiara gimoteó, pero obedeció cuando él la colocó en cuatro patas sobre el escritorio, separándole las nalgas con los dedos para mostrar ese coñito rosadito que ya chorreaba de lo mojada que estaba. 'Te voy a romper bien, puta', juró Justin Magnum, escupiendo en su agujero antes de clavarse de una sola estocada, arrancándole un grito que resonó en toda la estación. Las caderas de él chocaban contra su carne con cada embate, rebotando con un sonido húmedo mientras Kiara balbuceaba entre sollozos, pidiendo permiso como la perra sumisa que ahora era. Cuando el oficial le agarró la nuca para empotrarse más duro, ella gritó su nombre, rogando que le llenara ese coñito traicionero con todo lo que tenía. Justin Magnum gruñó, clavándose hasta las pelotas antes de correrse adentro, marcando su territorio con cada chorro ardiente. Cuando terminó, Kiara se quedó temblando, con las piernas flojas y la respiración entrecortada, mientras los otros oficiales observaban con sonrisas cursis el espectáculo que acababan de presenciar.