Mujer se corre con juguetes y mucho alargue
Lleva días con el coño palpitando y los pezones tan duros que se le marcan hasta bajo la camiseta, solo de imaginarse cómo sería que le metieran los dedos bien adentro mientras le chupan los senos como si fueran chupetes. Se acuesta en la cama con las piernas abiertas y el vibrador negro ya en la mano, apretando el botón para que empiece a zumbarle contra el clítoris hinchado mientras se muerde el labio para no gritar. El juguete traza círculos lentos al principio, rozando apenas los pliegues resbaladizos de su vulva mojada, pero ella quiere más, mucho más, así que lo clava contra el coño que ya le chorrea hasta empapar las sábanas. Con la otra mano se aprieta un pecho, pellizcando el pezón rosado hasta que le duele, mientras sus caderas se levantan solas buscando más fricción, más presión, más de todo. El vibrador sube de intensidad y ahora sí que no puede aguantarse, los gemidos le salen espesos y guturales mientras se frota el clítoris con movimientos bruscos, sintiendo cómo el coño le late al ritmo de cada sacudida. Se corre con un chorro caliente que le escurre entre las nalgas, empapándole el cojín donde apoya la cabeza, pero no se detiene ahí: sigue masturbándose con los dedos hasta que la segunda descarga le recorre el cuerpo como un relámpago, dejándola temblorosa y con el sexo tan sensible que cualquier roce le produce escalofríos. Los jugos le resbalan por los muslos y sabe que, aunque hoy se ha corrido dos veces, mañana volverá a buscar la misma tortura dulce porque no hay nada que le guste más que alargar el placer hasta que ya no pueda más.