Mujer madura seduce a su amiga con consolador hasta correrse
Llevaba semanas coqueteando con miradas picantes cuando su amiga del barrio se le acercó en la terraza con un vestido ceñido que dejaba poco a la imaginación. Las dos se miraron con hambre mientras se pasaban una copa de vino, los labios carnosos de la rubia brillando bajo la luz tenue del atardecer. Sin decir ni una palabra, la morena de tetas enormes se quitó el sujetador de encaje negro dejando al descubierto unos pezones duros como piedras que pedían a gritos ser chupados. La rubia no pudo resistirse y le lamió el cuello mientras le metía la mano por debajo de la falda, sintiendo cómo el coño de su amiga estaba empapado y listo para más. La morena gimió fuerte al sentir los dedos explorando su raja, pero no se conformó con eso: agarró un consolador grueso que escondía en el cajón y se lo clavó entre las tetas, sintiendo cómo la silicona fría le rozaba los pezones sensibles. La rubia se arrodilló frente a ella, le arrancó las medias de red y comenzó a lamerle el clítoris con movimientos circulares mientras la morena se retorcía de placer, agarrándole el pelo con fuerza. La morena empujó su cabeza contra su entrepierna, obligándola a chuparle el coño como si no hubiera un mañana, mientras con la otra mano se masturbaba con el consolador, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba como un tren descontrolado. Cuando la rubia le metió dos dedos dentro mientras le mordisqueaba el clítoris, la morena se corrió con un grito ahogado, empapando la cara de su amiga con sus jugos. Pero no terminó ahí: la rubia se subió encima de ella en el sofá, frotando su coño mojado contra el de la morena mientras le masajeaba las tetas enormes, y entre gemidos y sudor, ambas se corrieron juntas en una maraña de cuerpos desnudos y piernas entrelazadas.