Lottie la rubia hace garganta profunda y traga leche
Lottie, esa morrita de tetas duras y culo prieto, llegó con ganas de que le partieran el coño a lo bestia. Nada más verla entrar con su minifalda ajustada y esos labios carnosos mordisqueando un chicle, el macho supo que iba a ser una noche de esas que dejan marca. La puso contra la pared del baño, le arrancó las bragas de un tirón y le metió la polla hasta la garganta sin aviso, ahogándola con su grueso tronco hasta que esas lágrimas le rodaron por las mejillas. La muy puta gimió con la boca llena, chupando con avidez cada centímetro mientras le agarraba los huevos con fuerza, pidiendo más a gritos aunque apenas podía respirar. Cuando ya no pudo más, la volteó boca abajo sobre la cama, le abrió las nalgas con las manos y le clavó la verga hasta el fondo del culo sin piedad, haciendo que la rubia aullara como una perra en celo. Sus tetas botaban al ritmo de cada embestida salvaje mientras él le escupía en el coño depilado, dejándola completamente empapada y ansiosa por más. La saliva le goteaba por la barbilla mientras le clavaba los dedos en las caderas, marcando su piel con moretones que gritaban lo duro que le estaba dando. Cada vez que la polla le llegaba al fondo, la muy zorra se corría sin control, mojando las sábanas con jugos espesos que le resbalaban por los muslos. El cabrón no aguantó más y, sacándosela de golpe, le disparó toda la leche caliente en la cara, cubriéndole los labios, la nariz e incluso los párpados de un líquido blanco que le chorreaba hasta el pecho. La rubia se lamió los restos de su propia corrida mezclada con el semen, jadeando y pidiendo que no parara, mientras él se reía satisfecho viendo cómo esa conejita se retorcía bajo su cuerpo. La cámara captó cada gemido, cada espasmo, cada contracción de ese coño hambriento que no quería soltar ni un milímetro de su verga favorita.